Esta mañana, mientras me tomaba un refresco, aprovechando un esplendido día de sol, y de temperatura agradable, he leído una entrevista que se le hacía en el suplemento dominical de La Vanguardia ( Magazine) al obispo José Mª Setién, en relación al su ultimo libro” Un obispo vaco ante ETA”. En la entrevista hay un apartado que habla de ETA, pues recordemos que tanto la iglesia vasca, en su conjunto, como este obispo en particular, no se han caracterizado por condenar abiertamente a ETA, de manera velada y ante la presión ha realizado condenas, mas o menos contundentes, sobre todo cara a la galería, pero en su fuero interno incumpliendo el octavo mandamiento: No mentiras.
De esa entrevista he destacado una pregunta y sobre todo la respuesta:

A los familiares de las víctimas del terrorismo de ETA no les debe de ser fácil asumir el dolor de la otra parte.

El perdón por parte de las víctimas es fundamental para la reconciliación. Y la Iglesia puede y debe jugar su propio papel.

Este tipo de manifestaciones realizadas por otras personas suelen ser consideradas como desafortunadas o incluso como justificación de los ideales de los terroristas , pero si lo dice un cura ( con rango, pero cura) parece que entra dentro de la libertad de expresión sin que ello deba ni pueda molestar a nadie.

Hemos de llamar a las cosa como son, y en este caso estas manifestaciones son una autentica aberración, un burla a las familias y a las propias victimas de actos terroristas. Cómo puede este prelado pedir a las victimas que perdones a sus verdugos? Señor cura! Es , precisamente al revés , han de ser los malos los que han de arrepentirse y pedir perdón, no las victimas!!.

Sinceramente, no comparto el uso que de las victimas se hace desde las propias asociaciones de victimas, ni por parte de los partidos políticos, pues todos, y reitero, todos buscan contrapartidas del dolor, pero lo de este cura y la iglesia que lo ampara , valga la expresión: clama al cielo!